¡Hola!
Un mes más, una nueva entrada en la sección "Releyendo".
¡Y no podía ser más especial! Pues se trata de una de esas Relecturas con mayúsculas. Una de las más recurrentes y relevantes en mi vida lectora: la trilogía de El Señor de los Anillos.
Podría expresarlo de mil maneras diferentes pero la conclusión terminaría siendo la misma: ¡J. R. R. Tolkien y otras formas de alegrarme la vida!
Esta trilogía puede pasar repetidas veces ante mis retinas que no me cansaré nunca de releerla, de ahí que se haya convertido en una constante habitual.
En este caso la relectura ha sido concretamente de la segunda parte de la trilogía: Las dos torres. Y ha sido más y mejor de lo que ya recordaba de lecturas anteriores.
Como me conozco y me puede la pasión desmedida cuando hablo de El Señor de los Anillos es altamente probable que se me escape algún SPOILER. Así que absténganse los vírgenes de ESDLA que hayan conseguido llegar a 2016 sin enterarse mucho de esta historia y quieran seguir desconociendo todo lo posible hasta descubrirlo de primera mano (como debe ser).
Mi pasión por la historia, mi cariño a los personajes y mi debilidad por su narración no parecen tener fin.
Mi pasión por la historia, mi cariño a los personajes y mi debilidad por su narración no parecen tener fin.
Todos tenemos ese libro que nos marca de
determinada manera como lectores, esta trilogía es mi punto débil. Mi
cachito de hogar dentro de unas páginas de papel.
Acababa de empezar el instituto cuando la descubrí por primera vez. Peter Jackson y su estreno inminente de la versión cinematográfica de La Comunidad del Anillo estaban a la vuelta de la esquina, amenazando con pillarme sin haberme leído el libro. En realidad, no lo tenía planeado. Más bien fue una grata coincidencia. Un flechazo.
